jueves, 17 de julio de 2008

El Muro de Berlín




De 1951 a 1958 la República Democrática Alemana había sufrido una verdadera hemorragia demográfica: más de dos millones de alemanes orientales había huido hacia la República Federal. Las diferencias de nivel de vida y de libertades provocaban este éxodo de población.
La segunda crisis de Berlín se inició en 1958. Para detener la salida de población, Kruschev lanzó un ultimátum a las potencias occidentales: les daba seis meses para aceptar que Berlín-Oeste se convirtiera en una ciudad libre, fuera de su control; en caso de negativa, Moscú daría a la RDA plena soberanía sobre el Berlín-Este y los accesos a la ciudad.
Tras momentos de fuerte tensión, la amenaza no se llegó a materializar. Hubo que esperar tres años para que el 13 de agosto de 1961, ante los ojos atónitos de los berlineses se iniciara la construcción de un muro infranqueable que rodearía todo el Berlín occidental. Se ponía así fin al éxodo de alemanes orientales. Lo que se denominó en Occidente, el "muro de la vergüenza" se convirtió en el gran símbolo de la guerra fría.
Paradójicamente, el muro del Berlín sirvió para estabilizar la situación en la RDA, calmando las inquietudes soviéticas y suprimiendo uno de los mayores focos de tensión de la guerra fría.